Gabriel García Márquez: Homero latinoamericano




Hubo algo especial cuando empecé a leerlo,

diría algo sencillamente atrapador, cercano,

exactamente como cuando empecé a apreciar a Mozart.

Por fin leía un escritor extranjero en su idioma

y lo entendía, sobre todo entendía sus sonidos

metafóricos y laberínticos.


En sus paginas encontré todo:

la miseria, el amor, los ritos y los mitos.

Esto me condujo a pensar que

Latino América tenía y tiene su Homero:

Gabriel García Márquez.


Sin animo de sentencias,

y admitiendo desconocer gran parte de la literatura

contemporánea, me animo a decir que en Europa

“nadie” se atrevería escribir así.

No solo por falta de coraje o herramientas

(como la humedad y los sombreros ya en desuso)

sino por falta de ciertas “faltas”.


No me imagino a un Pirandello escribir:

"despuntaba un martes turbio"


o a un Kafka:

"No hizo falta abrir la ventana para reconocer a diciembre"


y menos aún un Zola apuntar en su libreta esto:

"Pero solo conseguía recordarla desnuda a las dos

de la tarde bajo la luz de harina del mosquitero".


¿Wilde hubiera podido escribir esto?:

"Lo había reconocido a la luz de las

arpas melancólicas de los geranios"


¿y Dostoievski? esto:

"En un plazo máximo de cuarenta ocho horas

lo encuentren vivo y me lo traen y si lo encuentran

muerto me lo traen vivo y si no lo encuentran

me lo traen"


Simone de Beauvoir quizás hubiera podido imaginar una frase así:

“Era un marido perfecto: nunca recogía nada del suelo,

ni apagaba la luz, ni cerraba una puerta”

pero jamás la hubiera escrito.


Dudo que Victor Hugo se hubiese atrevido a comenzar una novela de esta manera:

“Durante el fin de semana los gallinazos se metieron por los balcones de la casa presidencial”


y Durrermatt aseverar que

“Vimos abandonada en un rincón la máquina del viento, la que falsificaba cualquier fenómeno de los cuatro cuadrantes de la rosa náutica para que la gente de la casa soportara la nostalgia del mar que se fue”


y Wirginia Wolllf

“había un tropel de albañiles que construían paredes de emergencia y desorientaban a los girasoles pegando soles de papel dorado en los vidrios de las ventanas para que no se viera que todavía era noche en el cielo y era domingo veinticinco en la casa y era abril en el mar”.


Tal vez solo un “gallego” podría darle el mismo nombre

a más de siete personajes de una misma novela.


Pero bueno, por algo escribía en español este Gabo,

el Homero Latino Americano.


Gabo, Gabo, Gabo,

que bueno que pasaste por aquí;

en el mundo aún rebotan los ecos de tus imágenes.




Forza Tuttx

Mirko

 

Foto: Web


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