13 años en Buenos Aires

Hace pocos días se cumplieron 13 años desde mi llegada a Baires; y dentro de poco nos vamos de vuelta; la migración sigue, ya es un vicio, o una costumbre, o simplemente ya soy extranjero en todos lados (o de la casa, porqué no).


A esta ciudad le debo mucho; ha sido muy generosa con migo. Que hermosa, que gente tan especial.


Venía de 8 años bohemios en España y a los tres días de aterrizar en Baires ya estaba ensayando y al mes debutaba.

Luego empecé a trabajar con lo mejor de lo mejor y en los teatros más importantes de la capital. Todo lo que había sembrado ahí, en un cuarto del Sacromonte de Granada, empezó a crecer vertiginosamente aquí, en una de las principales capitales teatrales del mundo. Unas 40 obras (una más, una menos). Tierra fértil.


Pude estar muy cerca de maestros tanto estéticos como éticos (usar el plural en este caso es un milagro).


Escuché y trabajé con actrices y actores extraordinarios: una escuela.


Un día me asaltaron en la calle, 4 pibes, armados. Yo salía del Teatro Cervantes con todo mi estudio portátil y las grabaciones a un mes de un importante estreno. Se llevaron todo. Quedé inmóvil en Libertad y Corrientes con un pie de micro en la mano y el pulso a 350.

Lo primero que dije a Mariana cuando volví a casa fue: “Con todo lo que los europeos robamos en este continente, esto que me pasó es un chiste”. Lo primero que me dijo Alezzo, en el ensayo siguiente fue: “¿Cuánto necesitas para comprar todo de vuelta? Yo te lo presto”.


Hay un hecho curioso en ese robo: en la mochila, además de la compu, micrófono, auriculares, tarjeta audio, cables, cámara de foto y TODAS las grabaciones de “Jettatore...!”, había un libro.

Siempre fantaseé sobre el momento en que algunos de esos muchachos, abriendo la mochila, se encontrara todo lo anterior y de repente también eso, ese el libro y leer, quieras o no, por lo menos el título. Era “Qué estás haciendo con tu vida?" de Krishnamurti.

Ni siquiera lo había empezado a leer.

¿Y si ese chico también fantaseó sobre mí?: ”¿Ese tipo estaba leyendo esto?”.


Cuando decidí irme de España, todos mis amigos argentinos me habían dicho que estaba loco, que Argentina era un país de m!#:¡a, que no había trabajo, ni dignidad.


Hice bien en no creerles: encontré un país que estaba recobrando su dignidad con mucha determinación, un país que estaba poniendo limites a los tiburones que siempre están ahí, demasiado cerca de la costa, siempre listos para aprovecharse del primer o mínimo descuido.


En Baires encontré trabajo, un montón de trabajo; me casé, hasta cursé la universidad publica (publica de verdad, no como en Europa que es publica pero con “cuota” anual); me nominaron a varios premios, a mí que empecé tocando en la calle pasando la gorra en las terrazas de Granada, publiqué un libro y a finales de este caótico 2022 presentaré uno nuevo.


Bueno, también hay aspectos de esta ciudad tan loca, que no solo no entiendo, sino que directamente no acepto, que no quiero aceptar.


Por ejemplo las calles con sus baldosas sueltas y abandonadas a su libero albedrío: no puede ser que en lleno verano, 93 grados a la sombra, uno camine tranquilo y que de repente pise una baldosa que abajo esconde tres litros (intactos y barrosos) de la lluvia de hace dos meses atrás. ¡¡¡Plash!!! Todo en cima del pantalón (clarito, obvio).


Tampoco entiendo porqué la población argentina tiene esa tendencia tan aguda a subestimarse y a subestimar a su país, así como por hobby (voz del verbo "tener un pasatiempo") y sin embargo todas las mañanas (TODAS), en los colegios y afines, levantan la bandera y cantan el himno (sin machetes).

En Italia eso duraría como mucho diez minutos porque todos se darían cuenta de que nadie se sabe el himno de memoria y que las bandera fueron “vandalizadas” sin remedio.


Tampoco acepto el enorme contraste entre quién tiene “demasiado” y quién tiene “la nada misma” conviviendo unos a lado de los otros, a veces separados por una medianera (fina). En Europa también existe la carencia, pero hacen lo posible para que no se vea.

(¿No será peor eso?, no se).


En la Argentina, debido a su historia dura y violenta, lo urgente viene siempre antes de lo importante. Pero le tengo fe porque aquí hay un nivel espiritual muy elevado y eso, a la larga, hará toda la diferencia.


Voy a echar de menos a esta ciudad tan loca, generosa y resistente.


Definitivamente el tercer mundo es más mundo que tercero, y el primer mundo es más primero que mundo.


A esta ciudad le debo mucho; ha sido muy generosa con migo. Que hermosa, que gente tan especial.


Forza Tuttx

Mirko



Foto: Tutino T.

 

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